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De repente la lluvia me despierta en mitad de la noche,
la cama me queda grande,
no estás aquí habitándola con tu olor.
La humedad de la lluvia se apodera de mi cuerpo,
la piel me duele reclamando tus besos cálidos, sanadores
tus dedos curiosos, irresistibles.
Mi boca anhela la invasión arrolladora de tu aliento seguido por tu lengua, letal conquistadora de cada uno de mis rincones…
Tu ausencia entonces me cala hasta los huesos.
“Y cuando llueve más te quiero y cuando llueve tú no estás”

Enteramente tuya

Soy enteramente tuya, cada vez que nuestros cuerpos se enredan entre sábanas.
Tus manos con su delicada torpeza, conquistan cada rincón de mi cuerpo, voraces, me erizan la piel.
Mi lengua, curiosa exploradora, recorre sin prisas ni pudor toda tu geografía, te aceleras, te gusta, me excita.
Me embriago en tu olor, en tu sabor.
Mi humedad te inunda, tu calor me funde.
Muerdes en mi boca los gemidos, la piel habla su idioma,
las palabras se transforman en caricias de nuestras lenguas, que se buscan, se cruzan, se encuentran.
Te pierdes en la comisura de mis labios, en el remolino de mi oreja,
en las curvas de mi espalda, el contorno de mis piernas, el relieve de mi pecho,
la hendidura de mi cuello, la punta de mi nariz.
Me haces tuya, enteramente tuya.
Cada poro de mi piel grita tu nombre, te pertenece. Mis uñas lo escriben en tu espalda.
Suspiro, gimo, tiemblo entre tus brazos.
Me haces tuya, enteramente tuya.
Te hundes en mí, profundo, ritmico, delicioso.
Juegas con mis lunares y mis pecas, te sumerges en la oscuridad de mi tibieza.
Entregados al capricho del deseo te conviertes en el dueño de mi placer.
Estallamos, vibramos, exhalamos, nos besamos.
Me abrazas, me recuesto en tu pecho para escucharte latir.
Recobramos la ropa y el aliento.
Volvemos a entender del idioma y las palabras con su odiosa fórmula de la despedida.
Entonces te vas, yo me quedo en medio de la inmensidad de la cama,
llena de ganas de verte dormir al amanecer entre mis piernas.
Aceptando que soy enteramente tuya aunque tú sólo seas fugazmente mio.

Había una vez una brujita, con alma de luna y alitas de mariposa, que un día caminando se cruzó con un gigante que tenía alma de niño y un caparazón de tortuguito…
¿se conocieron? o ¿se encontraron?…
Lo cierto es que no se buscaban, ni tampoco se estaban esperando, simplemente se cruzaron en el camino de la vida, ese que se construye al andar.

Comenzaron a conocerse, a intercambiar palabras y sonrisas, a compartir momentos… comenzaron a sentirse amigos, a saberse amigos…
Les gustaba pasar tiempo juntos, comer juntos, hablar de cualquier tema, reír juntos.  Comenzaron entonces a intercambiar miradas, caricias y besos, a compartir calor… y empezaron a sentirse amantes, a saberse amantes y amigos…

La brujita con alma de luna y alitas de mariposa un día tuvo que volar a otro lugar, lejos de aquella ciudad de caos, gente, carros y ruido… de aquella ciudad de Ávila, de Soleras, de música y de lluvia. A él no le gustaban las despedidas y ella no pensaba despedirse…
Con eso de no verse, comenzaron a extrañarse… intercambiaron entonces mensajes de texto, emails, videochats,  llamadas… aprendieron a estar distantemente juntos.
Comenzaron a soñarse… mientras la realidad de cada uno continuaba su curso, normal, ajena y lejana a ese mundo surrealista de sueños de colores.
La brujita y el gigante volvieron a encontrarse, varias veces, algunas fugaces como las estrellas… otras más largas… En esos encuentros nuevamente intercambiaron miradas, palabras, besos, caricias, placer… compartieron risas, discusiones, silencios, temores y tristezas. Alguna vez ella lloró, con lágrimas y sin ellas, porque la realidad le golpeaba fuerte las alitas y él la miraba en silencio, porque la realidad le endurecía el caparazón.
Luego de cada encuentro, venían las despedidas… una, tres, cinco… pero ellos seguían sin saber decirse adiós, y es que ellos se podían mirar lo invisible a los ojos, ellos se sabían capaces de quererse en sueños. Entonces comenzaron a sentirse locos, a saberse locos, amantes y amigos…
Ella lo piensa todos los días, lo sueña todos las noches… tanto, que a veces no sabe diferenciar si lo está imaginando o lo está recordando… Él a veces la piensa, otras  la sueña y hay veces que hasta la extraña y abre un poquito el caparazón sin que la realidad lo vea para acercarse y sentirla a través de la distancia…
Ella quiere abrazarlo, acompañarlo, arroparlo con su luz de luna y acariciarlo con sus alas… quiere sentirlo, perderse en sus brazos y llenarse de su calor… Ella quiere que él se vaya quitando poquito a poco el caparazón y la bese, la sienta y le acaricie las alas… quiere que la seduzca, que le alborote el erotismo lunático como sólo él sabe hacerlo.
Ella quiere volar con él, quiere verlo feliz y quiere sentirse en paz.
La brujita y el gigante, a veces se sienten perdidos… pero se siguen sabiendo locos, amantes y amigos… que un día se encontraron sin buscarse y aún no han aprendido a decirse adiós.
Con la distancia he descubierto que me gusta eso de tocarte con palabras, recorrer cada rincón de tu cuerpo con verbos, adjetivos y sustantivos.
Besar, morder, susurrar… despacio, tibio, profundo… aliento, labios, lengua…
Me excita saber que me deseas a través de mis textos, que vives las fantasías que voy construyendo y me haces tuya sin tocarme.
Te incorporas a mi juego creando imágenes a partir de lo que lees, lo disfrutas y me lo haces saber…
Somos más íntimos y más intensos en la distancia. Traspasamos el umbral de lo concreto hacia una realidad construida por deseos que se materializan a través de las palabras. Besos y caricias que se disfrazan de letras y signos de puntuación.
Nuestros encuentros “texuales” carecen de reservas y pudor.  Somos cálidos, ardientes, tiernos… básicos, instintivos, sutiles y detallistas…  Somos piel, sudor, humedad… orgasmos, explosiones, erupciones y placer… Dejamos volar la imaginación y damos rienda suelta a los caracteres para darle forma a lo intangible.
Amantes surrealistas, locos que saben que están locos. Exploradores del lado oscuro de la luna y -a veces- del lado tierno de la tierra.
El poder erótico de las palabras es deliciosamente irrefutable.

Anoche mi espalda no me dejó dormir… y es que ella también te extraña. Insistía en la necesidad del tacto de tus dedos, del calor de tu aliento en mi nuca erizándome la piel…

Anoche mi espalda quería desnudarse para ti y sentir tu mirada recorriéndola sin pudor… quería despertar tus deseos y fantasías… añoraba la fricción de tu piel, tu calor, tu sudor…

Anoche mi espalda deseaba sentir la humedad de tus labios y tu lengua delineando sus contornos y recorriendo cada vértebra de mi columna, desde el cuello hasta el coxis y de regreso…

Anoche mi espalda fantaseaba con el peso de tu cuerpo, con la presión de tus manos apretando mis caderas para hundirte en mí, con el roce de tus dientes mordiendo mis hombros…

Anoche mi espalda quería dormirse pegada a tu pecho, arrullada por tu respiración… pero no me dejó dormir, ahogada en el frío de tu calor ausente.

Tu aire

El aire es vida…

Y tu aire me recuerda que estoy viva, agudiza mis sentidos, despierta mis deseos… Ese aire que con maestría exhalas suavemente sobre mi cara para provocarme.

Tu aire, el que viene de tus pulmones, el que almacena parte de tu esencia, de tu olor…  el afrodisíaco más efectivo que he probado… ese que acaricia  mis labios en un cálido soplido como preludio de tus besos…

Tu aire, capaz de erizarme la piel con sólo recordar cómo se siente en la parte de atrás de mi cuello… tu aire, ese que me acelera el pulso y eleva mi temperatura, aunque huela a humo de cigarrilo…

Tu aire no me da vida, pero es tu arma más poderosa para hacerme sentir viva.

A veces…

Las preguntas me inundan la cabeza…
me dan vueltas y vueltas, al derecho y al revés…
Busco entre mis escritos, los leo…
constato las veces que te he pensado, las veces que te he extrañado…
y siguen surgiendo preguntas, como dardos, como balas,
como hojas secas que caen, como gotas de lluvia…
De pronto, como una suerte de epifanía, me doy cuenta de que no tiene sentido…
las preguntas, los escritos, las cosas que he pensado o sentido…
no tienen razón de ser, no tienen explicación…
no tienen origen posible no tienen final probable…
No importan las respuestas cuando las preguntas no tienen cabida
No hay claridad ni oscuridad… no hay realidad ni ficción…
Hay presencias inexplicables, recuerdos, momentos excepcionales, fantasías…
que dibujan paisajes surrealistas en el umbral del tiempo y la distancia
paisajes que hacen trampa, que llenan vacíos con más vacío…
y sigo nadando un rato más en mi mar de preguntas
que entre tú y yo
no tienen espacio, no tienen tiempo, no tienen sentido, no tienen cabida..